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La
lucha por la responsabilidad social
Decir que la crisis mundial
no repercute en nuestro país, en su sistema económico
y en sus raíces sociales; es una posición
bastante más equivocada a la de aquellos ejecutivos
que encuentran fuera de su entorno la solución
para rescatar su empresa de está honda herida
de la crisis (causada en cierta medida por el proceso
globalizador), que se debate en el péndulo del
consumismo mundial, que gira a su vaivén y cae
rindiéndose ante la presión de apelar
–contravenir- el concepto de subsidiaridad del
Estado liberal, por el cual el Estado “no debería
ocuparse de lo que la sociedad puede hacer por sí
misma, reservándose su compromiso en cuatro grandes
campos: Salud, Justicia, Seguridad y Educación.”
Como ocurre con los gobiernos
al momento de recortar el presupuesto destinado a programas
de base social y aumentar la inversión en los
sectores de defensa, el empresariado mundial, y por
imitación el peruano, fácilmente puede
recortar sus vínculos con organizaciones no lucrativas
o eliminar programas de ayuda social, a merced del desarrollo
de una imagen corporativa, posiblemente distorsionada,
a través de los medios y la publicidad.
Contraviniendo lo antes mencionado
ha surgido un nuevo paradigma lleno de ideas vanguardistas
sobre el rol social de la empresa. Un Estado sub desarrollado,
o en vías de desarrollo, es poco preciso o muy
limitado en acciones frente a problemas de índole
social, dejando a su paso bocas abiertas, plenas de
necesidades humanas. Es en este contexto que aparece
esta nueva concepción que ha roto el esquema
del capitalismo, ágil dinosaurio ideológico,
que circunscribe a la empresa en la “mecánica
recurrencia de producir-vender-comprar-consumir”
.
Esta nueva orientación
en el pensamiento del relacionista público no
surge precisamente hace pocos años, más
bien ha sido producto de un proceso natural de revisión
de los orígenes, como afirma el profesor y gran
profesional Sam Black en la página 16 del “ABC
de las Relaciones Públicas” , donde destaca
que la responsabilidad es uno de los valores que se
fomenta en las Relaciones Públicas. Ahora convendría
presentar algunas pruebas que este pensamiento mantiene
una lucha frente a otra idea imperante, pues hacer afirmaciones
tan generales sobre algún tema específico
lleva frecuentemente al investigador hacia la prepotencia
y por ende al error.
Corrientes frente a la Responsabilidad Social
Algunos autores señalan
que la función social de las Relaciones Publicas
esta perfectamente colmada y salvaguardada con ofrecer
un producto de alta calidad y elaborado con los mejores
procedimientos existentes que aseguren al consumidor
una comprar segura y satisfactoria. Sin embargo, existen
otros grandes profesionales y estudiosos de la materia
que encuentran en la Responsabilidad Social una fuente
de nuevas perspectivas sociales, a través de
la cual se alcanzaran los fines del relacionista según
dice Flores Bao para el relacionista: “...lo que
tiene que promover –el relacionista-, esencialmente,
es un sentimiento de solidaridad y confianza entre todos
los grupos sociales de una institución y este
sentimiento debe derivar de la convicción plena
de que dicha entidad cumple su rol institucional dentro
del marco de la ley y la moral” .
Estos dos últimos aspectos,
sobre lo que dice la ley y lo que dicta la moral, serán
tratados en otro apartado, por el momento es conveniente
entrar directamente al estudio de aquella desavenencia
entre grandes académicos acerca del tema del
presente estudio. Por un lado, tenemos a Aguadero, que
destaca categóricamente el papel de la Responsabilidad
Social, cuando afirma en su libro “Comunicación
Social Integrada: Un reto para la organización”
que “al actuar así estamos discurriendo
por el camino de una de las principales funciones de
las Relaciones Públicas modernas: la asunción
de la responsabilidad social en el marco de organizaciones
y en la relación de estas con la comunidad a
la que pertenecen” . Lo que apoya lo afirmado
por el argentino Carlos Feminis en conferencia dictada
en Lima por invitación de la Universidad de San
Martin de Porres: “Hay compromisos morales para
la acción individual como para la conjunción
colectiva, cuyos efectos se sintetizan en una imagen
institucional frente a la sociedad”. En este enunciado
podemos encontrar un nuevo componente de las Relaciones
Publicas, nos referimos a la Imagen Corporativa, en
el cual no profundizaremos, pero sobre el cual tenemos
que advertir, por su estrecha relacion con la Responsabilidad
Social, que: “Algunas concepciones sobre las nuevas
responsabilidades sociales, tienden a juzgar que la
conducta ética es rentable. Según esta
idea, si el público percibe claramente una preocupación
empresarial en este sentido, se mejoraría la
imagen y, por ende, se captarían más clientes.”
En este punto ya se debe tener
en claro la existencia de dos grandes corrientes que
enfocan la cuestión de la Responsabilidad Social,
por un lado el criterio clásico o capitalista,
si se puede llamar así, sustentado a partir del
pensamiento del economista Milton Friedman, quien afirma
que “las personas que piensan que los negocios
no deberían preocuparse tan sólo por las
utilidades sino también por fomentar las metas
sociales deseables, se dedican a “predicar un
socialismo puro y sin adulteración”. Friedman
entendió la Responsabilidad Social de otra manera,
felizmente se ha comprobado que es una minoría
la que piensa como él. Ya en 1970 el Comité
para el Desarrollo Económico (CED) habia realizado
un informe en el cual se señala que dos terceras
partes de las empresas entienden que los negocios tienen
ahora una obligación moral de ayudar a otras
grandes instituciones para lograr el progreso social,
incluso a costa de las utilidades, con lo cual se persigue
no sólo que no se siga invadiendo el mercado
de productos, sino que se busquen mejores niveles de
vida para la sociedad.
Posterior a este informe de
la CED es que muchas empresas empiezan a adoptar posturas
a favor de la Responsabilidad Social, “una manifestación
de esta tendencia fue la decisión por parte de
algunas grandes empresas europeas a finales de los años
setenta de emitir anualmente, junto con el balance económico
y operacional del ejercicio, un informe social: la presentación
a sus relacionados y al público en general de
sus metas y actividades orientadas al bien social.”
. Esta nueva tendencia fue respaldada mundialmente por
catedráticos como: James E. Post, William C.
Frederick, Anne T. Lawrence y James Weber de Boston,
Pittsburgh, San José y Duquesne, quienes sostienen
que en el mundo contemporáneo se está
conceptuando a la gran corporación como una institución
social.
Dos conceptos para entender
la Responsabilidad Social
Al preguntar por qué
algunas empresas asumen su rol social dentro de un Estado
y otras simplemente no lo hacen, nos encontramos con
dos vías para una posible respuesta, que envuelven
temas morales y legales. Son precisamente estos dos
aspectos los satélites que giran entorno del
problema de la Responsabilidad Social.
Como producto de la globalización
y de profundos estudios en diferentes áreas del
quehacer humano, los gobiernos han adoptado medidas
en aras de la preservación del medio ambiente,
la salud y el orden establecido. Ejemplo de esto son
las leyes que obligan a las empresas a reducir sus residuos
tóxicos, que prohiben fumar en lugares públicos,
y que ordenan la difusión de advertencias sobre
los daños que provoca el alcohol para la seguridad
personal. Sin embargo, todas estas disposiciones legales
no surgen por un interés ético de la empresa
sino, precisamente, por la pena que impondría
la ley en caso no se sigan las normas establecidas por
ésta, Carlos Feminis entiende esta acción
como una “obligación social de la empresa”,
por la cual se trata de reducir o suprimir una ola de
opinión en contra de la misma. Tomando el ejemplo
de la cerveza, la ley peruana establece que la publicidad
de dicho producto debe ir acompañada por conocidas
recomendaciones sobre su consumo, sin embargo, cuando
se induce al consumo sin especificar una marca, la empresa
obvia las disposiciones legales y con ello las advertencias
sobre el consumo de la bebida alcohólica, a lo
cual Feminis podría decir: “Si la empresa
adopta conductas cuyos efectos son ignorados por la
gente, no habrá planteos, litigios o reclamos”
(ni por cumplir el aspecto legal)” .
En la otra cara de la medalla
encontramos a aquella empresa responsable y consciente
respecto a sus propios lineamientos éticos y
de conducta ante las necesidades sociales. Al adoptar
esta “sensibilidad social” se demostrará
que la empresa expresa en su accionar una verdadera
sensibilidad y un gran compromiso moral.
Esta concepción del rol
de la empresa responde a la denominada Progressive Era
“que se asienta con preferencia en la idea de
que la dirección profesional de la empresa debe
entender de los problemas de la empresa y de la comunidad
como un “ todo” indisoluble. Por lo que
se deduce que toda actividad empresarial debe asumirse
como un servicio a la comunidad. Todo ello ha permitido,
en varias ocasiones, a unos cuantos detractores, aducir
que tal postura empresarial convertía al mundo
de los negocios en “algo” moral y espiritual”.
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| Autor:
Rafael
García Godos Salazar
Docente de Relaciones Públicas.
Integrante del Insitituto de Investigaciones
de la Universidad de San Martín de Porres..
Facultad de Ciencias de la Comunicación,
Turismo y de Psicología.Escuela de Ciencias
de la Comunicación.(Perú)
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