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Estrategias informativas para acceder a un periodismo de calidad en prensa y TV

La palabra es un instrumento intelectual simbólico. El ser humano la usa, entre otras cosas -y merced a un convenio social, colectivo, un código compartido por una colectividad cultural- para tender puentes informativos entre unos cerebros y otros. Con la palabra, conceptos que danzan en el pensamiento de una persona pasan a bailar en el pensamiento de otra, se transmiten el baile. Y si ambos comparten las mismas leyes musicales, esos bailes serán más o menos iguales, coincidentes, acompasados. No otra cosa es la comunicación: la misma partitura suena en dos cuerpos, no está en ninguno, repercute en ambos y gracias a una forma compartida de comprender el asunto esos dos cuerpos logran danzar armónicamente, acoplados incluso, logran una acción coordinada, ajustada. Vamos a ver un ejemplo inmediatamente, pero antes enunciemos nuestra hipótesis.

Las palabras ‘información' y ‘periodística' pueden producir comunicación entre un periodista y un lector si ambos atribuyen a esos términos los mismos atributos: veracidad, actualidad, interés, documentación, pluralismo y contraste. Si el informador acepta como "información periodística" algo que no es veraz, no es actual, no tiene interés, no está documentado, no respeta el pluralismo de una sociedad democrática o no ha sido contrastado, y, a pesar de todo eso, el receptor, el lector, lo lee o lo recibe dando por supuesto que sí cumple esos requisitos, entonces, sin duda alguna, no se estará produciendo una comunicación informativa sino un engaño –bien por negligencia del informador, bien por ocultamiento expreso–. No habrá la armonía que hemos citado en el párrafo anterior. Si, por el contrario, los dos piensan que la información para serlo realmente no requiere veracidad, contraste ni nada de eso, entonces, sí habrá armonía, aunque no haya periodismo. La cuestión es, ¿cómo sabe uno lo que piensa el otro? Y en términos teóricos: ¿hay periodismo cuando no hay consenso sobre el concepto de información? ¿Y puede haber consenso cuando no hay conciencia de los requisitos que el periodismo cumple o requiere cumplir?

Veamos ahora ya el ejemplo sobre la armonía que produce una partitura comunicativa compartida, consensuada. El cuerpo A dice "Pásame el pan". El cuerpo B –que entiende por pan aquel bulto dorado que reposa sobre el cesto encima de la mesa, es decir, que entiende por pan lo mismo que el cuerpo A– extiende su brazo, toma el pan y lo aproxima hasta el brazo ya extendido también del cuerpo A, que lo espera, y ambos se encuentran en un punto del espacio.

La palabra, que no está en ninguno pero ha sonado en los dos, les ha permitido una acción precisa por los dos deseada. Una acción satisfactoria. Si el cuerpo A en lugar de "Pásame el pan" hubiera dicho "Pásame el vino", el cuerpo B no habría extendido el brazo para tomar el cesto con el bulto dorado, o sea el pan; puede que lo hubiera extendido para tomar otra cosa, una botella quizá; incluso puede que no lo hubiera extendido y que hubiera respondido "No queda vino".

En esta observación poética simple –poética por habitar tan sólo en nuestro imaginario y simple porque del universo de posibles sólo hemos nombrado una parte, un plano– extraemos varios presupuestos teóricos:

  • La comunicación trasvasa datos de un punto a otro.
  • Esos puntos pueden ser cerebros humanos que viven en cuerpos humanos.
  • Ese trasvase mueve, motiva o genera acciones de los cuerpos.
  • Las acciones logran eficacia, satisfacen a los cuerpos, cuando la comunicación se realiza con un código que ambos comparten.

Si el cuerpo A, deseoso de pan, hubiera dicho "Pásame el pan" y el cuerpo B le hubiera pasado un tenedor, el cuerpo A podría haber tomado el tenedor, podría haberlo rechazado, podría haber advertido a tiempo de que un tenedor no es lo que quería o podría haberse levantado de la mesa irritado y haberse ido a dar un paseo o a comprar pan. Las posibilidades son varias. Pero no cabe duda de que el cuerpo A mantendría insatisfecho su deseo de que el cuerpo B le pasase el pan. La comunicación habría sido ineficaz en ese sentido, fallida, nula.

El periodismo es una forma de comunicación. Para decidir si el periodismo que se está realizando actualmente es o no fallido, tendríamos que saber qué es lo que quieren los cuerpos A y B del trasvase informativo contemporáneo.

Ése es el tema de nuestro ensayo, que en las próximas líneas desarrollamos y que será a ratos poético y a ratos realístico; es decir, a ratos sacará conclusiones de operaciones que se han ejecutado en un escenario imaginario propuesto por nosotros y a ratos las sacará de operaciones que se han consumado en el escenario –increíble, pero real– de la realidad.

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Autor:

José Manuel de Pablos Coello

Catedrático de Periodismo en la Universidad de La Laguna (Tenerife, España).

Concha Mateos Martín

Especialista universitaria en Comunicación y Gestión Política (UCM), y doctoranda en Ciencias de la Información (ULL).