La
comunicación en Europa: características
y perspectivas
La idea de Europa se ha desarrollado
desde una concepción universal y etnocéntrica.
Universal, porque así
es concebido el pensamiento filosófico griego,
la fórmula imperial romana y la aspiración
de la Iglesia católica. La conjugación
de los anteriores elementos llevará a la creación
del Sacro Imperio Romano Germánico.
Etnocéntrica, por varias
razones:
1º.- porque el hombre europeo
vive su existencia como eje de la creación. Los
hallazgos de Copérnico, Galileo, Darwin, Freud
y Einstein enunciarán limitaciones pero no destruirán
la creencia de “superioridad” del europeo.
2º.- porque la cultura
europea se impuso como modelo en la expansión
colonial.
3º.- porque los conciertos
políticos, desde el Congreso de Viena han desarrollado
junto a la concepción del Estado-nación
la idea de un orden mundial basado en Europa.
4º.- porque la génesis
de la civilización occidental y el sentido de
una comunidad atlántica sigue partiendo de los
valores europeos de libertad, justicia y solidaridad.
La idea de Europa, real en la sociedad medieval, ideal
hasta el 1945, se convierte desde entonces en una necesidad
y desde la década de los 70 en una urgencia.
Real, porque es en la sociedad
medieval donde los principios de libre tránsito,
unidad religiosa y lingüística en el campo
académico van a florecer. También esa
unidad se aprecia el arte como puede verse a título
de ejemplo si examinamos la geografía del arte
gótico.
Ideal, hasta 1945, porque así
es el pensamiento de Coudenhove-Kalergi, cargado de
utopía en su convencimiento de que únicamente
el contagio crearía la integración europea.
En ningún momento este calificativo desea desprestigiar
la gran aportación del Movimiento Pan-Europeo
y de su revista Pan-Europa. Esta publicación
será la primera utilización de un medio
de comunicación de masas a la construcción
europea.
Ideal es también la acción de Aristides
Briand en la Sociedad de Naciones. 1929 quedará
en el recuerdo de la opinión pública europea
más como el año de la recesión
económica mundial que como el año de Europa.
Sin embargo el esfuerzo tampoco será baldío,
especialmente cuando en la creación de la Comisión
Internacional de Cooperación Intelectual vemos
el intento de potenciar la cooperación de forma
universal pero fundamentalmente europeo.
En concreto, la formación
del Instituto Internacional de Cooperación Intelectual
(Francia, 1926), va a potenciar entre 1926 y 1940 el
desarrollo de centros y comités especializados
en temas comunicativos como la prensa de los estudiantes,
el cine, la radio y la prensa en general. Destacando
especialmente la Comisión Internacional para
la enseñanza cinematográfica, el Congreso
Internacional de Cine (1926), la Revista Internacional
de Cine educativo (1934), con 5 ediciones en alemán,
francés, español, inglés e italiano
y la edición posterior de Intercine, aunque sólo
tuviera un año de vida .
Necesidad, desde 1945, como
apunta ya la célebre conferencia de Churchill
en la Universidad de Zurich. Europa debe recuperar su
liderazgo en el mundo. Mantenimiento de la paz, fortalecimiento
del estado de derecho y potenciación de los valores
europeos de libertad y justicia. Tras el Congreso de
la Haya surgirá el Consejo de Europa donde la
cooperación interestatal salvo en el campo defensivo
será objetivo prioritario.
El Consejo de Europa opta por
una cooperación basada en el estado de derecho
en cuya definición fija los valores básicos
de la Europa Occidental. En esta línea, la política
de comunicación irá básicamente
dirigida a los lideres de opinión. Dar a conocer
el estatuto fundacional y sus instituciones serán
los primeros objetivos avalados por la información
que cada estado miembro da del Consejo de Europa. En
segundo lugar, la creación de símbolos
comunes: la bandera, el himno y el día de Europa,
perfilando ya el deseo de una identidad común.
Aunque persisten las acciones anteriores en su difusión
junto a la gestión propia de un departamento
de comunicación (comunicaciones, visitas a sede,
ruedas de prensa, creación de antenas, etc),
existe un momento decisivo en el cambio de orientación
de la política de comunicación , con el
establecimiento de una Comisión y de un Tribunal
para la protección y salvaguarda de los derechos
humanos. El ámbito jurídico presenta al
Consejo de Europa como un modelo universal a seguir.
La difusión de los casos presentados y sus sentencias
convierten a los estados en pacientes sumisos del Consejo
de Europa. Sumisos porque los propios medios públicos
participarán en la campaña de difusión
y formarán parte en la creación de una
opinión pública que tendrá como
referente crítico frente a su Estado la posibilidad
de amparo en el Consejo de Europa. Tras sus pasos otras
organizaciones internacionales europeas desarrollarán
su concepción de Europa.
Esa concepción europea
será diferente cuando las organizaciones internacionales
asuman la defensa. Así tanto la OTAN como la
UEO son organizaciones inicialmente mantenidas con su
carácter defensivo y en respuesta al enfrentamiento
ideológico. La OTAN hará una política
de comunicación basada en la existencia de una
comunidad atlántica. Comunidad basada en una
alianza defensiva ante un enemigo común. Básicamente
su propaganda se fundamenta en la percepción
del peligro soviético, sumándose a las
propagandas nacionales defensivas, con la excepción
de dos países Grecia y España.
La necesidad de una seguridad común parte de
un coste financiero y de una contingencia estratégica.
A nivel propagandístico su justificación
estará en la existencia de enemigos reales o
potenciales es expresada claramente por el primer secretario
general de la OTAN (Spaak), “nuestra existencia
es el miedo”. Miedo ante el rearme alemán,
en el caso fundacional de la UEO. Miedo ante el enemigo
soviético, en el caso de OTAN. Miedo siempre
en evolución ante enemigos reales o potenciales.
Si el miedo constituye la necesidad inicial de ambas
organizaciones no es suficiente motivo para mantener
su vigencia ante los avatares de la historia. El miedo
no crea una identidad europea más al contrario
fomenta el desarrollo de políticas nacionales
defensivas. En esa búsqueda de la emotividad
pública se vuelve al talante etnocéntrico
y universal, así la OTAN defenderá la
civilización occidental y en el caso de la UEO
los valores de la identidad europea.
Mención especial merece
la Unión Europea, por ser la organización
más avanzada en el proceso de integración
y que más se complementa con las otras organizaciones
internacionales europeas. Desde sus orígenes
como CECA hasta su constitución actual como Comunidad
o Unión podemos ver un largo camino marcado por
los valores resaltados de etnocentrismo y universalidad.
La Unión Europea parte
de la concepción de una Europa necesaria. Necesidad
basada en la lógica del beneficio. Beneficio
es asegurar la paz, la protección del Estado
de derecho o el bienestar social de la población.
Como también es beneficio asegurar la posición
de liderazgo europeo en el contexto mundial menoscabada
por la existencia de dos superpotencias y mantener una
cultura propia.
Esta necesidad precisará
de una identidad europea. Esa identidad cuestionada
desde sus inicios y planteada mejor como una opción
de cooperación, por dirigentes políticos,
presenta todavía su complicación al ser
el marco geográfico europeo un lugar donde conviven
diferentes concepciones de identidad nacional estatal
y nacionalismos que se caracterizan por ser identidades
nacionales sin Estado. Desde el campo administrativo
la combinación será fácil. Europa
será: la Europa comunitaria, la Europa de las
naciones, la Europa de las regiones, la Europa de los
municipios y en última instancia la Europa de
los ciudadanos, ámbitos conjugados por el principio
de subsidiariedad.
Forjar una identidad común
será el principal objetivo de la política
de comunicación de la Unión Europea. Si
bien es cierto que esta política ha sido tipificada
como tecnocrática, dirigista, fría e inadecuada
por una institución propia como es el Parlamento
en su crítica a la Comisión, también
es cierto que es la que ha desarrollado e involucrado
a más medios en esta labor. El problema de fondo
no es ni nuevo ni actual. Ya viene de muchos años
atrás. Ya Ortega y Gasset, en 1926, se sublevaba
contra la cultura exportada por los Estados Unidos.
Más que cultura era una pseudocultura y estaba
así sometida únicamente a las leyes de
producción-distribución masiva y a la
tecnología. A Ortega le parecía que la
elevada cultura de las Luces creada en el viejo continente
recibía así un ataque frontal que debía
ser frenado. El pensador español negaba, en el
período de entreguerras, que los Estados Unidos
tuvieran capacidad de “sucederle a Europa en el
mando del mundo”. Se refería, sobre todo,
a un mando intelectual. Un mando que, cuando lo tenía
Europa, imponía en el mundo un valioso principio
de universalidad .
En 1973 se inicia en EEUU la liberalización financiera
tras ella la liberalización de las comunicaciones
nos introduce en la sociedad global. Europa tiene que
reaccionar ante dicha competencia y presión exterior.
Aquí aparece también un aspecto universal
en cuanto que la sociedad global es universal. El aspecto
etnocéntrico sigue siendo una realidad pero se
constata no como un monocentrismo europeo sino como
un policentrismo de las diversas naciones de Europa.
Ante la nueva realidad, sin
querer parodiar a Drucker; el Consejo de Europa afronta
la problemática ante el desarrollo tecnológico
de las telecomunicaciones, el poder de los medios de
comunicación y las expectativas o demandas de
las audiencias.
Así, en 1989 ya no es
suficiente plantearse el problema de qué es Europa
o cómo lograr la integración europea.
La actuación comunicativa del Consejo de Europa
se encamina al diseño de una política
audiovisual común.
El Convenio de la televisión
transfronteriza con el que el Consejo de Europa celebra
su 40 aniversario servirá como modelo en la definición
de conceptos como el de obra europea posteriormente
aceptados por la Directiva de la televisión sin
fronteras en el marco de la Comunidad Europea.
El Convenio sigue pendiente de ratificación por
la mayoría de los estados miembros, hecho que
inicialmente puede menoscabar su efectividad, sin embargo
marca las pautas para una integración de los
países de Europa Central-Oriental, las limitaciones
a cierto tipo de publicidad (tabaco, alcohol) y la protección
de los menores respecto al medio
No ocurre lo mismo con el Fondo
Euroimages. Las críticas referidas a su existencia
han sido dirigidas a su escasez presupuestaria pero
su vigencia inicial es defendida en la medida en que
es la única opción de financiación
externa para los países del Este aunque se fuerce
la necesidad de coproducción con terceros países.
El Consejo de Europa no sólo
es pionero en la concepción de promocionar, incentivar
o crear (dependiendo de los autores) una industria audiovisual
europea, también lo es en definir su posición
respecto a la concentración de medios. Esta labor
será modélica en la medida en que los
estados miembros están optando por medidas laxas
frente a la concentración, incluso inexistentes,
tratando de reforzar los grupos nacionales de comunicación
y supone un análisis de las tendencias de las
industrias culturales: la concentración y la
internacionalización.
La concentración se aborda
como una pérdida del poder político pero
con la ambivalencia que conlleva la descripción
paralela de efectos positivos y negativos. La clasificación
de los tipos de fusión e integración es
todavía un modelo a seguir aunque cada vez más
consideremos que en el futuro sólo hablaremos
de integración multimediática, dando por
hecho las características de internacionalización
e incluso de su vinculación multisectorial.
El Consejo de Europa recoge
tibiamente los postulados de la escuela crítica
frente al imperialismo cultural estadounidense o si
se prefiere asume la crítica explícita
que el gobierno francés había defendido
en 1982 en el marco de la UNESCO . De modo encubierto
el espacio europeo se define en competitividad con otro
mercado: el americano.
El Consejo de Europa cumple con estos planteamientos
la función complementaria teórica de otra
organización: la Unión Europea.
Desde el campo de la comunicación
, la Unión Europea es la única Organización,
en el ámbito mundial que con propiedad realiza
una política de comunicación. Diríamos
que las otras organizaciones plantean políticas
informativas, propagandísticas o desinformativas
pero no comunicativas en la medida en que no participa
el receptor, aunque no lo sea ni en su iniciativa, ni
en su elaboración pero si en sus efectos. La
razón está en una publicación nacida
justo en 1973: el Eurobarómetro. La entonces
Comunidad Económica Europea inicia un seguimiento
sostenido de la opinión pública en su
ámbito. El Eurobarómetro, que pronto se
convertirá en dos números, con una periodicidad
semestral, evalua el conocimiento que los ciudadanos
comunitarios tienen de sus instituciones y lo más
importante su sentimiento o grado de adhesión
a Europa.
Los sondeos del Eurobarómetro
se intensifican cuando se celebran las primeras elecciones
al Parlamento Europeo. Sin embargo ambas acciones junto,
como decíamos antes, con el Consejo de Europa,
más las propias de un gabinete de comunicación,
no surten efecto en la opinión pública.
Es curioso como incluso antes las nuevas adhesiones
la acción de la Comisión puede crear un
clima de opinión y levantar una expectativas
que no se correspondan con la realidad. Tal es el caso
de la campaña creada en Turquía y su interpretación
propagandística en relación con su posible
adhesión.
Hecho similar ocurre con la
entrada de un país o con el llamado efecto Presidencia.
En este último caso, durante esos seis meses,
la acción comunicativa de la Comisión
se suma a la propaganda interna del país, constituyendo
una campaña de gran alcance, especialmente cuidada
con la celebración del Consejo Europeo. Sin embargo
vemos excepciones al mismo, tradicionales como es el
caso de Gran Bretaña o coyunturales como en Portugal
.
Sí que es apreciable
el efecto en los medios de comunicación de los
Presidentes de la Comisión. Basta recordar la
figura emblemática de Jacques Delors. Con Delors
la política de propaganda dentro de la Comunidad
Europea se une con los eventos deportivos, buscando
en su difusión lo público y lo festivo.
Aunque el cambio más fuerte se aprecia en la
comunicación frente a terceros países.
El Eurobarómetro se pregunta por cómo
nos ven los americanos, los polacos, los rusos o los
húngaros. Delors, sin querer, aparece en los
medios de comunicación como el presidente de
Europa y refuerza la tesis de que es una figura necesaria
si queremos otorgar a la fuente credibilidad y emotividad.
Pero todos sabemos que la presidencia
y sus efectos son efímeros y a la figura de Delors
le sigue Jacques Santer culminando en escándalo
la última comisión de su mandato.
Pese a su escaso presupuesto
para la comunicación, si lo comparamos con el
de países como EEUU, o miembros como Gran Bretaña,
la labor expuesta hasta aquí no justificaría
la acción comunicativa de la Unión Europea,
o si se prefiere con más precisión por
su especificación la de la Dirección General
X. No podemos olvidar la acción reguladora de
la Unión Europea. Ese derecho derivado exige
también una participación de la Organización
en la orientación legislativa de los Estados
y su función ante tecnologías que, como
decíamos con el Consejo de Europa, cuestionan
la soberanía.
Así en 1989 se aprueba
la Directiva de la Televisión sin fronteras,
introduciendo la cuota obligatoria de pantalla o la
inversión en producción europea. La tesis
defensiva de la cultura europea se involucra con la
de constituir una identidad europea a través
de los medios audiovisuales. La Directiva mencionada
responde a una tecnología, la vía satélite,
y a la pérdida del monopolio público audiovisual
en Europa Occidental con la consecuente aparición
de las televisiones privadas.
En la misma línea la
Unión Europea aprueba la Directiva del 97, manteniendo
de forma más firme las tesis expuestas en cuanto
la producción, distribución y exhibición
pero permitiendo, respecto al tiempo de publicidad,
la autopromoción a las emisoras y estableciendo
distintas modalidades de jurisdicción a los grupos
de comunicación audiovisual
En paralelo, se aprueba el programa
Media. Criticado como insuficiente en su cuantía
presupuestaria duplicará sus fondos en el Media
II. Con su propia publicación denominada del
mismo modo nos anuncia la clasificación de los
Estados como receptores de sus subvenciones y sin querer
nos permite cuando habla de esas ayudas que apreciemos
como los grupos de comunicación audiovisual más
fuertes a nivel nacional son también los más
privilegiados a nivel nacional y por el Programa Media.
Pese a ello, bienvenido el Programa Media y su posible
reforma planteada por el último informe sobre
la Era Digital. Insuficiente será, pero también
necesario, máxime cuando los ciudadanos reclaman
desde 1994 la producción propia, en los diferentes
formatos audiovisuales, tendencia que no es mundial
como podemos apreciar en la audiencia del Mercosur y
cuando la incorporación de las nuevas tecnologías
nos dispara las horas de programación televisiva.
|